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Mr Filant y la Aldea

Había una vez un señor llamado Mr Filant, que le decían así porque alguien (no se sabe quién) lo consideraba un filántropo. Mr Filant viajaba en un lujoso avión rumbo a una aldea que se destacaba por su belleza sin igual. Él llevaba orgulloso un televisor portátil, porque sabía que en esos lugares la única diversión era la naturaleza. En esa aldea nadie conocía los televisores, por lo que quedaron impresionados. Al ver semejante cuestión, Mr Filant, en un acto de pura bondad, decidió encargar 27 televisores para que cada familia de aldeanos pudiese disfrutar del propio.
Ellos estaban asombrados ¡no era habitual que un extranjero entregase, sin pedir nada a cambio, un regalo de tal envergadura! Evidentemente, Mr Filant era un ser fuera de lo común.
Luego de una semana casi todos los aldeanos se conectaron en forma permanente a tal adelanto, dejando atrás la labor en plena naturaleza, por lo que Mr Filant descansó tranquilo. Los televisores disponían de tres canales que los aldeanos cambiaban como si fuese un juego y de paso para corroborar que la información fuese coincidente. Canal tras canal mostraba cómo era el mundo, las costumbres de los demás lugares y los avatares propios de cada región.
Mr Filant era un poco amigo del dueño de un canal, pero del otro también, incluso del tercero. A pesar del esfuerzo económico, los 3 dueños nunca podían costear completamente el mantenimiento de sus canales, por lo que Mr Filant, en un acto de arrojo, y como era solidario, decidió ayudarlos con grandes sumas de dinero a cambio de que ellos transmitiesen en sus canales toda aquella información que Mr Filant consideraba valiosa. Ellos gustosos obedecieron sabiendo que esa clase de decisión era más que importante para progresar.
Los aldeanos observaron en las pantallas cómo se empezaba a desatar una gran tormenta de bichos espantosos en el otro lado del mundo, pero, como era ¨el otro lado¨, no le dieron importancia. Cambiaron de canal y allí notaron que la tormenta se acercaba, ya estaba a medio camino de alcanzar la aldea. En el cielo no se veía nada que anticipase tal cuestión, sin embargo, ellos empezaron a agradecer tener televisores que les previniesen de semejante tormenta. Cada día prendían los televisores y veían que más cerca estaba la terrorífica tormenta de bichos espantosos que atacarían a cada ser viviente arrebatándole su espíritu hasta dejarlo sin aliento.
Los aldeanos pidieron ayuda a Mr Filant, quien los miró de reojo como quien se anticipa a tal pedido. Él tenía la solución a todo, y eso era lo que los aldeanos necesitaban en ese momento. Mr Filant sacó de su bolsillo un artefacto extraño con el que se comunicó directamente con un amigo que vivía a miles de kilómetros y que fabricaba equipamientos-atrapa-bichos-espantosos. Era único en el mundo con ese don, por lo que en los 3 canales empezaron a mostrarse cientos de notas periodísticas explicando cómo había hecho ese equipamiento extraordinario y la necesidad urgente de proveer a cuanto habitante terrestre hubiese. Además, ese equipamiento poseía un casco especial, con el cual se lograría borrar por completo toda huella mnémica referida a la tormenta de bichos espantosos, porque se empezó a rumorear que, si a alguien le quedaba un simple rastro de recuerdo, los bichos podrían multiplicarse infinitamente, y eso sería verdaderamente terrible.
Mr Filant, al ver que los aldeanos sólo poseían la tierra y sus frutos (y que de dinero no sabían nada) les prometió que, para ayudarlos, les compraría un equipamiento-atrapa-bichos-espantosos a cada uno, con su correspondiente casco-olvidador. Fue un gran anuncio que recibieron los aldeanos y quedaron muy aliviados.
No pasaron ni cinco días, y los equipamientos completos ya estaban siendo distribuidos entre los aldeanos, quienes, felices, tuvieron la intención de elegirlo gobernador o rey del lugar.
Sin embargo, en esa aldea había 2 personas que, como no conocían el idioma de los demás, no se preocuparon por ver esas noticias televisivas, y por supuesto, fueron relegados por el resto que, además, no les compartieron el equipamiento-atrapa-bichos-espantosos ¡ni el casco-olvidador!
En las pantallas televisivas ya se mostraba cómo se acercaba a pasos agigantados la tormenta terrible, aunque el cielo no daba cuenta de ello. -Este cielo que nosotros vemos nos está engañando - decían- la verdad está en la televisión, porque los 3 canales dicen lo mismo. Y seguro que nuestro cielo oculta la verdad, y eso es muy peligroso, no debemos mirarlo nunca más.
Corrieron a ponerse el equipamiento porque ese era el magistral consejo en las 3 pantallas televisivas, y, mientras Mr Filant hacía las valijas para retornar a su hogar, ellos le agradecieron por tan inmenso trabajo que había hecho en tan poco tiempo de estadía en esa aldea.
Resultó que como ya estaban con el atuendo incorporado, comenzaron a sentir un cosquilleo en el cerebro, y todos, confiados lo atribuyeron al proceso olvidador, por lo que sabían que, si la tormenta se aproximaba, nadie recordaría los tremendos efectos, y eso significaba, nada menos, que salvar sus vidas. Pasaron varios días, y ellos cumplieron, nadie se sacó el equipamiento especial, mucho menos el casco olvidador, a diferencia de las 2 personas que nunca habían entendido el idioma de los canales ni se habían puesto semejante equipamiento. Fue extraño para estos 2 aldeanos relegados, mirar cómo, de a poco, el resto de la aldea se estaba volviendo más y más autómata, hasta que con el correr de los días, y lentamente, los vieron morir, uno tras otro. Mr Filant se enteró por casualidad de esta situación tremenda, y decidió viajar para regresar a la aldea, que, lamentablemente ya no tenía la vitalidad de los aldeanos trabajando felices. Mr Filant quiso ayudar, como siempre lo hacía, y llevó un medicamento novedoso a cinco de ellos, que prácticamente agonizaban. Pero ¡qué extraño! pareciera que ese remedio aceleró su pésimo estado.
Mr Filant tomó la difícil decisión de hacerse dueño de la aldea, porque, en definitiva, él recordaba que había trabajado intensamente para ayudar al progreso.
Los dos relegados, que no se habían enterado de tales cuestiones, eran los únicos aldeanos que seguían vivos, disfrutando del lugar, y ni siquiera recordaban las acciones de Mr Filant, o si lo recordaban, no le guardaban rencor, porque sabían que los enojos sólo hunden a las almas.
Y, cosa extraña, Mr Filant, no llegaba a percibirlos, aunque los dos aldeanos estaban muy vivos, felices, elevados, armoniosos, alegres, sutiles… En definitiva, ya nadie podría vencerlos.

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