Cuando nos conectamos con planos sutiles, los seres que vienen a nuestro encuentro lo hacen siempre en un estado de paz, y, a menudo, percibimos su sonrisa.
Estar en paz y sonreír son acciones propias de estados que se dan cuando existe una genuina conexión con la realidad, porque justamente la realidad no es la que estamos acostumbrados a ver permanentemente, en la cual nuestros estados anímicos fluctúan y por momentos se tiñen de emociones negativas.
¿Cuál es la realidad, entonces, si no es la que experimentamos a diario? Es aquella en la cual podemos sentir la conexión con todos los Seres del Universo, que incluyen los distintos planos de existencia, y a su vez percibimos la expansión de nuestro corazón.
Un claro ejemplo para distinguir la realidad ¨real¨ de la que no lo es, lo podemos experimentar al ver qué sentimos frente al fallecimiento de un ser amado: Sufrir su ausencia, temer lo que sucede o incluso enojarnos por su partida, da cuenta de que ¨esa¨ no es la realidad. En cambio, el hecho de poder tener un armonioso intercambio con quienes han partido de este plano físico, y sentir paz, sí lo es.
Esta diferenciación puede ayudarnos a entender que en la mayor parte de los casos, no es la realidad la que estamos experimentando, sin embargo pasamos muchos años o incluso muchas vidas, creyendo que sí. Si alguna situación nos perturba la paz, frenemos nuestra ira a tiempo y tomemos consciencia de que ¨esa¨ no es la realidad.
¿Por qué creen que las imágenes de los Seres elevados las percibimos irradiando paz? ¿Acaso piensan que se esfuerzan para manifestar ese estado, tal como a veces nos esforzamos para sonreír en una foto? No. Simplemente están en conexión con la realidad.
Entonces, para finalizar, tengamos en cuenta lo más importante:
La vida se vive de otra manera cuando logramos tomar consciencia de cuál es la realidad.

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